Buscando conscientemente la disciplina (Por D).

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Me han pedido que escriba sobre la búsqueda consciente de la disciplina desde la infancia hasta la edad adulta. En lugar de hacerlo en modo general, prefiero escribir sobre mi propia búsqueda de la disciplina bajo mis circunstancias especiales.

Como muchos niños, soy hija de padres separados. Disciplina no me faltó nunca, pero según mi punto de vista, era una mala disciplina. Un enfoque equivocado que llevó a la negatividad, ansiedad y falta de autoestima. Al contrario de lo que puede pensar mucha gente, no llegué a este mundo por culpa de la disciplina recibida de niña, sino por la buena disciplina que busqué yo misma.

Cuando te viene una responsabilidad muy grande de pequeña, tienes que crecer muy rápido, pierdes una buen parte de tu infancia y algunas veces por mucho que quieras llevarlo todo, el estrés sale por alguna parte. La mía era el silencio autoimpuesto y el autocastigo.  Esos momentos en los que me sentaba yo sola en mi habitación en silencio privándome de algunas cosas, me  sentía bien. A medida que iba creciendo, me di cuenta que con ciertos comportamientos podía conseguir el tipo de disciplina que yo quería. Pequeñas transgresiones en el colegio me aseguraban alguna que otra azotaina con la regla ya fuera en el culo o en las manos, copias, estar de cara a la pared, etc. Creo que eso marcó mi gusto futuro por el spanking ahora que miro con perspectiva. Siendo adolescente y ya con ese primer novio con el que pierdes la vergüenza y la virginidad, el descubrimiento del sexo, notaba que me gustaba el sexo algo más duro que lo que mis amigas me contaban. Por suerte, al chico también le gustaba experimentar y probar cualquier locura que a mí me pasara  por la cabeza y tuve mis primeras experiencias con las cuerdas, la humillación y el sexo anal.

 

A partir de esa relación, siempre busqué a alguien que compartiera  más o menos mis gustos y me aplicara disciplina de una manera u otra. Muchos ponían el grito en el cielo cuando les proponía algo más de contacto físico alegando maltrato bla, bla, bla pero justamente esos eran los que más control mental podían ofrecerte. Creo que la palabra disciplina está mal vista, como he dicho en alguna otra entrada para mí no significa castigo sino atención y eso es lo que siempre pedí. Conseguía mi “dosis” a sorbitos de diferentes maneras, en el colegio, en el trabajo, hasta que un día tuve frente a mí a una persona que me ofrecía todo lo que yo pedía y más, a quién mis ideas locas no le parecían ninguna locura, es más las compartía y aprendí a aplicar la disciplina dentro de la relación y lo excitante que era. Con la edad fui investigando y metiéndome en el mundo del bdsm, lógicamente a una persona como yo que buscaba la disciplina en cualquier sitio, ese mundo lleno de normas y protocolos, era un paraíso para mí y me hizo sentir por primera vez que había encontrado el lugar exacto.

 

Pero como pasa siempre que piensas que ya lo sabes todo, después de más de 11 años descubrí  que había otra parte de mí que anhelaba otro tipo de disciplina, la obediencia ciega de la sumisión ya no era para mí, perdía poder y me revelaba cada vez más. Un día descubrí el spanking, sus juegos, todo lo que rodeaba al momento de la azotaina. Vi un espacio en el que i rebelión no se castigaba con indiferencia sino que se premiaba con la atención de la explicación y el castigo del contacto. Me volví a sentir libre y creo que he encontrado la horma de mi zapato. Desde los silencios autoimpuestos, hasta las azotainas de mi spanker han pasado más de 30 años en los que ha habido muchos cambios pero algo han tenido en común, todo responde a una búsqueda consciente de la disciplina por mi parte.

Mano dura (Por A.)

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Ya me vais a perdonar, tal vez insisto mucho en el mismo tema, pero no se porque últimamente pienso mucho en ello. Tampoco quiero que penséis que generalizo, no estoy en la cabeza de nadie, al final sólo hablo por mí, pero si creo que algo de razón tengo.

Aunque haya quien lo niegue y quien pueda llevarse las manos a la cabeza, yo lo tengo mi claro. Las cabezas de una mujer y un hombre no funcionan igual y eso no significa que no podamos hacer las mismas cosas, ni mucho menos. Eso incluye también las fantasías y los deseos. Yo creo que las mujeres, en nuestras fantasías tiene muchísima importancia la personalidad del hombre con quien fantaseamos, mientras que en los hombres cobra mucha importancia el físico de la chica. Eso no quiere decir, que a las tías no nos importe el físico, ni a los hombres la personalidad, estoy hablando de fantasías, luego en la realidad todo cuenta o suma.

Creo que ya lo he contado en alguna ocasión, lo que llegué a fantasear con un profesor del instituto cuando tenía 15/16 años. El hombre debía tener por aquel entonces sobre 55 años y no destacaba precisamente por su atractivo físico. Pero su personalidad me resultaba irresistible, era atento, inteligente, transmitía sabiduría, yo me quedaba embobado escuchando en sus clases y además tenía algo más, que no se como llamarlo, seguridad o seriedad, lo cierto es que se hacía respetar y diría que su clase era la única en la que pese a 25 adolescentes hasta arriba de hormonas se mantenía el orden. La mayoría de mis fantasías masturbatorias de aquella época tenían como protagonista a aquel hombre y todas con un guión parecido, que no era otro que por algún motivo tenía que quedarme a terminar la clase y ya os podéis imaginar, lo que pasaba. Me creí tanto mi fantasía, que además compartía aunque no se si en los mismos términos con una amiga, que el segundo año con el, ya con más confianza, jugabamos las dos a provocarlo a llamar su atención y hacíamos cosas tan de adolescente, como ir a su mesa a preguntarle una duda sobre un ejercicio, con un botón de la blusa de mas desabrochado a la vez que inclinándonos sobre la mesa, para incomodarle. Y su reacción tranquila, calmada, como si no pasará nada lejos de provocar frustración hacia que esa atracción de adolescente de volviera más irresistible. No tengo duda, que eso experiencia ha dejado huella en mi, nunca he fantaseado con un tío guapo, mis fantasías han tenido siempre mucho más que ver con la personalidad, ya si encima es guapo pues mejor, pero no ha sido lo fundamental en mis fantasias.

Pensando en todo esto y analizando creo que hubieron varias cosas en ese hombre, que me resultaron tan irresistibles. La más importante creo que fue el primer hombre, que no se dejo manipular por mi. Tanto mi padre, como mi hermano, como algún noviete que había tenido por aquel entonces, me habían resultado demasiado fácil de manipular. Con mi padre y con mi hermano depende de la situación unas caritas o unas lágrimas bastaban para conseguir lo que quería y con los chicos tiraba más de encantos  y acaban cediendo siempre. Aquel hombre no, no cedía ni al chantaje emocional ni a los encantos. A partir de entonces busqué siempre alguien así, alguien que no me fuera fácil manipular, alguien con quien no pudiera salirme siempre con la mia. Y no acabe de dar con nadie, las veces que pasó fueron siempre tras discusión y por orgullo. Así que lo único que conseguía era frustración. La otra cosa de aquel hombre que perseguía era su seguridad o al menos esa sensación me daba a mi y el respeto que infundía sin necesidad de demostraciones de fuerza, simplemente por su forma de ser, por su personalidad, siempre desde la calma, pero con el dominio absoluto de la situación.

Pasaron años hasta que di, con una persona que en ciertos aspecto me recordó y mucho a aquel hombre. No tenía nada que ver en algunas cosas, ni por supuesto el tipo de relación, pero si me recordaba mucho ciertas cosas. Su calma aparente, esa sensación abrumadora de controlar siempre la situación, incluso de ir un paso por delante de mi, como anticipandose a mis ideas o posibles travesuras, me hacia sentir pequeña y grande a la vez a su antojo, ese descontrol me era desconcertante pero irresistible. Los inicios son siempre de tanteo y poco a poco te vas conociendo, me bastó esa primera impresión para en las primeras citas rendirme sin condiciones. Pero a medida que creció la confianza, me decidí a experimentar con algo, con la manipulación usando los dos métodos que siempre me habían funcionado, las caritas y los pucheros primero y la persuasión sexual después y tengo grabada una frase, que me dijo el primer día que intenté seducirlo para que se olvidara de todo:

-¿Así que la nena quiere jugar? Me parece muy bien, jugaremos pero primero te voy a poner el culo como un tomate….y si te portas bien jugaremos.

Y así fue acto seguido, yo estaba en sus rodillas recibiendo una zurra, cachonda muy cachonda y sonriendo por dentro, no me había salido con la mía o al menos no de gratis.

No se si me entenderéis, pero esa idea de alguien con mano dura, que no se deja manipular por mi, que cuando toma una decisión no hay marcha atrás, es creo el azúcar que alimenta mi fantasía.

Hágase nuestra voluntad.

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Hace unos días me pasaron una publicación de un medio digital, que suelo seguir y que suele publicar cosas muy interesantes. Quien me la envió lo hizo con toda la intención del mundo, me conoce y sabe perfectamente como iba a reaccionar a su lectura. El medio en cuestión es Jotdown y el artículo se titula: “Hágase tu voluntad” y pretende ser un artículo divulgativo sobre lo es el sadomasoquismo (Cada me gustan menos las siglas BDSM, porque se asocian a un tipo muy concreto de juego, el de los “sadosaurios”).

Tras la lectura del artículo, me pregunto si su autor es practicante o no. Si lo es, sin duda lo contraria como comercial, porque vender sabe, aunque luego me arrepentiría, es de aquellos que le vende lo que sea al cliente con tal de vender, sin tener en cuenta sus necesidades, por lo tanto, es comercial de una venta. Si no lo es, me pregunto entonces, donde ha hecho el mínimo trabajo de documentación que se requiere para escribir un artículo de algo que lo que no tiene ni puta idea. Y como me gusta argumentar mis opiniones vamos a ello.

La introducción del artículo, nos plantea una escena, de la que posteriormente se justifica por aquello de lo políticamente correcto, ya que la escena que plantea es hombre dominante, mujer sumisa. Reconozco que esa primera parte es la más real, sobre todo cuando dice: “hace cinco minutos charlaban y reían en pie de igualdad”. Entonces nos cuenta el autor que un sencillo ritual, provoca en ellos una catarsis y se convierten en dominante y sumisa de golpe. Luego sigue describiendo la escena nos habla de indefensión, excitación, entrega total y voluntaria (obviamente si fuera involuntaria seria otra cosa) y devoción. Esta última palabra me resulta molesta, y sobre todo aplicada en un sentido, devoción me suena a devoto no me gusta, prefiero otra que es aplicable ademas en ambos sentidos: implicación o dedicación.

“Él contempla a una mujer fuerte e inteligente (un Dominante no jugaría con cualquiera) que ha decidido rendirse indefensa a sus pies esperando sus designios, confiando en su habilidad y buena fe”.

Con este párrafo me dio la risa en principio y mala hostia después. Generaliza, perfilea y la caga. Es cierto que muchos dominantes no jugarían con cualquiera, como es cierto que nada les da mas miedo a muchos dominante que una mujer fuerte e inteligente, vamos solo hay que observar un poco. La parte de rabia, es eso de confiar en la buena fe, que peligro tiene eso de confiar en la buena fe. La confianza no se basa en la fe, se basa en el conocimiento y estos son juegos de  mayores señor autor.

A partir de ahí, nos suelta el rollo Santa Teresa de Jesús, mezclado con toques de endocrinología para justificar eso tan raro, que haya quien le ponga que le zurren y quien le ponga zurrar. Conciencia alterada, subespacio, liturgia, abandono, expiación y al final las famosas y míticas endorfinas. Todo eso está muy bien y tiene su parte de verdad, pero todo eso no sirve de nada si no contamos otra realidad y es que a el se lo pone dura y ella chorrea como la Cibeles. Sin eso ni subespacio, ni abandono, ni expiación, ni trance, ni hostias. Y lo remata con la comunión cuerpo y espíritu, que tiene su parte de verdad también, solo que eso no es patrimonio exclusivo del juego, sino de la relación. Dudo mucho que los que van a un club a “sesionar” tengan esa comunión, salvo la propia, la que se produce entre su polla y su ego.

El articulo sigue se supone que con el testimonio real de una persona, que explica su andanza por estos mundos. Cuenta lo típico y que hemos leído tantas veces, de la adolescencia fantasiosa, de las dudas sobre su salud mental, de la soledad del que se siente distinto y limitado, bueno resumiendo no esta de más visualizar la dificultad que entraña asumir y aceptar tus gustos y sus limitaciones. Que no deja de ser el talón de Aquiles de muchos de nosotros y que hace que muchos se queden por el camino. Sin embargo seguimos insistiendo en la parte mística (que no de sensaciones) y olvidando en todo momento la parte carnal, quien desea solo sensaciones místicas se mete en convento. El sadamosoquismo en todas sus formas, es ante todo erótico y sexual, que a partir de ahí de ese punto de partida, consigamos colmar, saciar, incluso “curar” otras necesidades, no voy a ser yo quien lo ponga en duda, creo haber hablado y no poco de todo eso en esta página. Pero jamás negaré su parte carnal, de excitación sexual pura y dura y su erotismo.

Y para terminar una última consideración, le estoy cogiendo manía el shibari y derivados, porque parece ser la única forma aceptada de visualizar el sadomasoquismo. Ya se que las cuerdas son muy estéticas y que hay verdaderos artista, y si tal vez la visión de una chica atada en una suspensión no es tan impactante como la de un culo rojo/morado después de una azotaina, pero claro habría que ver, las marcas de las cuerdas una vez desatada y quizás a muchos les cambiaría el concepto y tengo la impresión que se usa eso que visualmente no es agresivo, para suavizar el sadomasoquismo ya que no socialmente no es lo mismo una cuerda rodeando una pierna, que un golpe. Pero coño hablamos de lo que hablamos ¿no?. Los soldados se entrenan para matar, aunque luego nos quieran hacer comprar, que van a repartir vacunas al tercer mundo.

Por cierto lo mas desafortunado del artículo es el título: “hágase tu voluntad”, se equivoca señor Lapidario, la realidad es “hágase nuestra voluntad” y eso incluye resultados finales como el que muestra la foto que ilustra esta entrada y esa no estaría precisamente en la gama alta.

Besos y azotes (Sensaciones de Santi).

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Hace unos días me llegaba una interesante publicación de un estudio, en el cual se preguntaban porque nos besamos en público. Como podéis ver se hacen estudios de casi todo, aunque lo interesante de este era la conclusión a la que se llegaba en el.

Vamos el estudio concluía que ese acto que todos hemos hecho alguna vez, poco tiene que ver con los sentimientos o deseos de quienes se besan y si tiene mucho que ver con lo que desean proyectar a los demás. Una pareja que se besa en público lo hace para manipular los sentimientos de quienes les observan. Además el estudio concluia con dos motivaciones distintas en ella para hombre o mujer. Mientras el hombre lo hace por status hacia los otros  hombres, es como decirles: “veis lo que soy capaz de conseguir”. La mujer lo hace para provocar celos: “es mio y no podéis hacer nada”. Lo da al traste dos teorías, la de que es el hombre quien marca terreno, todo indica que es la mujer quien lo hace y la teoría de la competencia intersexual, cuando el estudio demuestra que la competencia como saben los que saben es intrasexual. Las mujeres besan en público para demostrar a las otras mujeres y los hombres para demostrar a lo otros hombres.

La lectura de este estudio, me hizo pensar en algo, en los juegos en público o con público. Evidentemente no me estoy refiriendo a juegos explícitos, salvo que queráis acabar en una comisaria pasando la noche, ni a los exhibicionistas en algún local o fiesta de ambiente. Me refiero a esos otros sutiles y discretos, mas bien mentales en los dos sabemos de que va el asunto y en teoría el resto del mundo no.

No lo saben, pero pueden saberlo o más bien tenemos esa ilusión. De hecho no llevaríamos a cabo estos juegos en la intimidad, no nos resultarían igual de excitantes o más bien nada, la intimidad nos permite la explicidad, por lo tanto carecen de sentido. Me pregunto si parte de la gracia de esos juegos, podría ser lo mismo que en los besos. Osea condicionar a los que están alrededor a aquellos que observan, manipular sus sentimientos, perturbarlos.

Y después de darle muchas vueltas yo creo que no, si queremos hacer eso es muy sencillo nos besamos y eso si es contudente. En estos juegos sutiles y mentales en público, usamos precisamente el público para perturbarnos mutuamente, ahí está la gracia. Salvo que se hagan en un entorno de gente afín, que si nos pueden llegar a pillar. Sabemos a ciencia cierta o al menos tenemos la creencia que no van a pillar nuestro juego, en cambio en nosotros si se produce un efecto ser observados y ese especial encanto de la posibilidad remota de ser pillados, pero sobre todo lo que queremos es perturbar al otro, hasta el punto de incomodarlo en la parte positiva del termino. ¿Cual es uno de los grandes éxitos y satisfacciones de este tipo de juegos?. Pues si duda cuando dejas al otro sin capacidad de reacción, cuando lo dejas sin palabras o lo ruborizas.

Si estando en una terraza por ejemplo con un grupo de amigos, le dices a tu pareja:

-Ya hablaremos de esto en casa…

Lo más probable es que el resto de personas no le de ninguna importancia a esa frase, en cambio la receptora de la frase, si va a entender perfectamente que puede significar esa frase. Estamos usando el público a quienes observan para provocar en esa persona una sensación aumentada. Exactamente lo mismo ocurre en sentido contrario, cuando esa persona te puede “picar” hasta aburrirse a sabiendas que al menos de momento estas atado de manos y no puedes hacer nada.

De alguna manera estos juegos sutiles en público, lo que pretenden en condicionarnos a nosotros  usando a quien observa de apoyo. No se busca perturbar a quien mira, se busca perturba a quien se sabe mirado, a quien piensa que tal vez puede ser pillado. Eso si este tipo de juegos tienen un riesgo, que suelen necesitar de aumentar el riesgo, de se vistos, para conseguir provocar el mismo objetivo. Es como esas drogas que una vez el cuerpo se hace a ellas necesitan de más dosis para provocar el mismo efecto y lo peor de todo es que son muy divertidos. Me estoy acordando ahora mismo de un viaje en tren, que tal vez algún día os cuente.